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Tristán e Isolda
Sobrecubierta
None
Tags: General Interest
Joseph Bédier
Tristán e Isolda
Nada se sabe sobre el origen y procedencia de esta leyenda o esta
historia, mucho más remota que la fecha a que corresponden los datos más
antiguos que hacen referencia a ella. Por ejemplo, en las tríadas galesas del
"Libro rojo" se habla de un porquero, Drysta, hijo de Tallwch, que vivía en la
isla de Prydein (Bretaña), que "fue de mensajero a Essyllt" (Isolda) y que,
además, era "maestro en mecánica". También en las tríadas de la "Myvyrian
Archaeology of Wales", se alude a los tres enamorados de la isla Prydein y
se cita concretamente a "Trystan, hijo de Tallwch, amante de Essyllt, mujer
de March".
Desaparecidos por completo los poemas de La Chèvre y de Chrétien de
Troyes, no ha sido posible establecer la relación que estas obras pudieron
tener con un poema primitivo, anterior a los más antiguos, que Bédier
supone estar compuesto desde principios del siglo XII. Pero sí ha podido
establecerse una relación entre los dos poemas más antiguos,
desgraciadamente incompletos, tales son el de Béroul, del que han llegado a
nosotros unos tres mil versos, y el de Thomas, del que se conservan ocho
fragmentos. El primero se supone escrito en Normandía hacia 1180, y tiene
una continuación anónima, escrita hacia 1209. El poema de Thomas,
anglonormando, fue escrito en Inglaterra entre 1155 y 1170.
Se conocen otras obras posteriores con el mismo tema, tal el poema de
Eilhardo de Oberga (compuesto entre 1190 y 1200), la novela en prosa
francesa, compuesta hacia 1230 y el poema episódico de la "Folie Tristan",
compuesto hacia 1170.
Todas estas obras proceden, según Bédier, de un modelo que debió ser,
en su tiempo, la ampliación de un arquetipo. Hay también otras obras que
proceden más directamente del poema de Thomas. Tal es, entre otras, el
"Tristan und Isolde", poema de Godofredo de Estrasburgo, compuesto entre
1200 y 1220 -incompleto- y del cual, como de las obras de sus
continuadores, proviene la ópera de Wagner.
La versión que publicamos fue escrita en 1902 por el ilustre filólogo
francés Joseph Bédier, uno de los más grandes medievalistas europeos, a
quien se deben, precisamente, los estudios más importantes que se han
realizado hasta la fecha con respecto a la leyenda de Tristán.
Para esta versión Bédier tomó como base el poema de Béroul, que ya
había traducido al francés moderno, convirtiendo su traducción, como dice
Gastón París, en un poema francés de mediados del siglo XII, pero
compuesto a fines del XIX. En esencia, ésta es también la presente obra.
I LA INFANCIA DE TRISTÁN
Du wærest swâre baz genant: Juvente bele et la riant!
(Gottfried de Strasbourg)
Señores, ¿os gustaría escuchar una hermosa historia de amor y de
muerte? Es de Tristán y de la reina Isolda. Sabréis del goce y del dolor con
que se amaron y cómo murieron, en el mismo día, él por ella, ella por él.
En aquel tiempo, el rey Marés reinaba en Cornualles. Sabiendo que sus
enemigos le habían declarado la guerra, Rivalén, rey de Leonís, atravesó el
mar para prestarle ayuda. Le sirvió con la espada y con el consejo, como lo
hubiera hecho un vasallo, y con tal fidelidad que Marés le otorgó en
recompensa a la hermosa Blancaflor, su hermana, a quien el rey Rivalén
amaba con un amor maravilloso.
Acababan de celebrarse los esponsales en el monasterio de Tintagel
cuando llegó la noticia de que su antiguo enemigo el duque Morgan se había
lanzado sobre el Leonís, arrasando sus castillos, sus campos y sus ciudades.
Rivalén equipó sus naves a toda prisa y llevó consigo a Blancaflor, que
estaba encinta, hacia sus lejanas tierras.
Desembarcó ante su castillo de Kanoel, confió la reina a la salvaguarda
de su mariscal Rohalt, a quien todos, por su lealtad, apodaban con un
hermoso nombre, Rohalt el Fidelísimo, y luego, habiendo reunido a sus
barones, partió para hacer la guerra.
Blancaflor le esperó mucho tiempo. Mas, ¡ay!, jamás había de volver. Un
día supo que el duque Morgan le había matado a traición. No le lloró: ni una
lágrima, ni un lamento, pero sus miembros se volvieron débiles y flojos; su
alma quiso, con deseo intenso, escapar del cuerpo. Rohalt se esforzaba en
consolarla.
–Reina -le decía-, no conseguiremos nada ensartando pena sobre pena;
todo el que nace, ¿no ha de morir acaso? ¡Que Dios acoja a los muertos y
guarde a los vivos!…
Pero ella no quiso escucharle. Tres días deseó ir a reunirse con su dueño
amado. Al cuarto día dio a luz un hijo y tomándolo en sus brazos:
–Hijo -exclamó-, mucho tiempo he deseado verte, y veo en ti a la más
hermosa criatura nacida de mujer. Con tristeza alumbro y triste es mi
primera caricia, por ti siento la tristeza de morir. Y como has venido al
mundo con tristeza, te llamarás Tristán.
Una vez pronunciadas estas palabras, le besó y falleció después de
haberle besado.
Rohalt el Fidelísimo recogió al huérfano. Ya los hombres del duque
Morgan cercaban el castillo de Kanoel. ¿Hubiera podido Rohalt sostener
mucho tiempo la guerra? En verdad se dice: «Temeridad no es valentía.
Hubo de rendirse a merced del duque Morgan. Pero temiendo que Morgan
degollara al hijo de Rivalén, el mariscal le hizo pasar por hijo suyo y le
educó entre sus propios hijos.
Cumplidos los siete años y no necesitando ya cuidados de mujer, Rohalt
confió a Tristán a un sabio maestro, el buen escudero Gorvalán. Gorvalán le
enseñó en pocos años las artes propias de los barones. Le enseñó a manejar
la lanza, la espada, el escudo y el arco, a lanzar discos de piedra, a franquear
de un salto los fosos más anchos; le inculcó el odio a la felonía y a la
mentira, y le acostumbró a socorrer a los débiles, a guardar la fe jurada; le
enseñó diversas clases de canto, el manejo del arpa y el arte de la montería;
y cuando el niño cabalgaba entre los jóvenes escuderos, parecía como si su
caballo, sus armas y él formaran un solo cuerpo y nunca hubieran estado
separados. Al verle tan noble y gallardo, ancho de espaldas, estrecho de
caderas, fuerte, fiel y valeroso, todos alababan a Rohalt por semejante hijo.
Pero Rohalt, pensando en Rivalén y en Blancaflor, de quienes revivía la
juventud y la gracia, amaba a Tristán como a un hijo y secretamente le
reverenciaba como a su señor.