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Análisis de la Eneadas de Plotino. Gonzalo Hernández Sanjorge
A Parte Rei 15
Análisis de las Eneadas de Plotino,
Gonzalo Hernández Sanjorge ♦
Tratado Primero de la Eneada I
1
Acerca de o que son los seres vivos y el ser humano
¿De dónde provienen las pasiones? Esa es la pregunta de la que parte este
tratado. Dar respuesta a ello supondrá indagar en las características del alma y en lo
específicamente humano. Es por demás adoptada en la antigüedad la idea de que los
seres vivos se diferencian del resto de los seres materiales gracias a un principio vital.2
Al comienzo no pareció considerarse más que un principio de movimiento. Tales de
Mileto parece haber atribuido a la piedra imán tener este principio vital para explicar su
movimiento. Con el correr del tiempo el concepto fue tornándose cada vez más
complejo hasta pasar a ser, entre otras cosas, asiento de virtudes, pasiones y otras
características del ser humano. Precisamente, Plotino trata de determinar si las
sensaciones son o no originadas por el alma. En definitiva, lo que trata de hacer es
determinar qué es lo específicamente humano, que es lo que separa a los seres
humanos del resto de los seres animados en general y de los animales en particular.
Presenta el problema señalando tres duplas de sensaciones: el placer y la
tristeza, el temor y la confianza, el deseo y la aversión. Son, sería necio no aceptarlo,
afecciones que padecen los seres humanos. El punto es determinar si se trata de
afecciones que tienen su origen en lo específicamente humano del ser humano o en
algún otro componente común al resto de los seres vivos y en especial al resto de los
animales. Propones tres candidatos respecto de los cuales estudiar si ellos pueden dar
origen a las pasiones: el alma, el alma relacionada con el cuerpo o un compuesto
resultante de ambos.3 Tratará, pues, de realizar un análisis genético de las pasiones
considerando esas tres posibilidades. Primero intentará determinar si esas afecciones
pueden adscribirse al alma considerada en sí misma, a lo que podríamos llamar “el
alma pura”. Lo segundo será buscar si es posible tomar como asiento de las pasiones
no al alma en sí misma, sino al alma en cuanto encarnada, al alma que habita en un
cuerpo viviente. Por último intentará determinar si las pasiones tienen su origen en una
mezcla de alma y cuerpo. Esto último supone dos posibles maneras de entender la
idea de mezcla: o bien refiriéndonos a la mezcla misma o bien refiriéndonos a algo
diferente de la mezcla, y resultante de ella.4 También intentará determinar de entre las
reflexiones y opiniones, a cuáles se les debe de atribuir el mismo sujeto que las
pasiones.
Ahora bien, para intentar resolver esas interrogantes es necesario resolver a
quién corresponde atribuir la sensación ya que las pasiones o bien son un tipo de
sensación o bien, al menos, es imposible que existan sin la sensación5. La pasión
queda, pues, reducida o íntimamente ligada a la sensación. Lo que hay que saber es
si el alma –ya sea que se la considere en sí misma o en su relación con el cuerpo- es

1
Gonzalo Hernández Sanjorge es Ayudante Grado 1 de la Cátedra de Historia de la Filosofía Antigua en
la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, y encargado de uno de los cursos de Lógica en
la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Montevideo, Uruguay.
ΤΙ ΤΟ ΖΩΙΟΝ ΚΑΙ ΤΙΣ Ο ΑΝΘΡΩΠΟΣ
ψυχ
3
Η γ ρ ψυχ ς, χρωµ νης σ µατι, τρ του τιν ς ξ µφο ν. (I, I, 1, 2-4)
4
γ ρ τ µ γµα,
λλο τερον κ το µ γµατος. (I, I, 1, 4-5)
5
Κα πρ τερον τ α σθ νεσθαι τ νος; Εντε θεν γ ρ ρχεσθαι προσ κει, πε περ τ π θη
α σθ σεις τιν ς ο κ νευ α σθ σεως. (I, I, 1, 11-13)
2
http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei/
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Análisis de la Eneadas de Plotino. Gonzalo Hernández Sanjorge
A Parte Rei 15
capaz de una sensibilidad como la del cuerpo o posee una sensación propia y
diferente. Si posee las mismas sensaciones que el cuerpo, entonces será asiento de
las pasiones. Si posee un tipo diferente de sensación, resta saber si de ella pueden
derivarse las pasiones.
El alma en sí misma
Lo primero a ser resuelto es si respecto del alma, ella misma difiere o no de su
ser.6 Si el alma y el ser del alma fueran diferentes, entonces el alma sería un
compuesto y no sería extraño atribuirle formas, así como las pasiones, hábitos y
disposiciones buenas y malas.7 En caso contrario, es decir, si el alma y lo que es ser
alma se identifican ella es su propia forma y no puede recibir ninguna forma de fuera.8
Para Plotino el alma considerada en sí misma no puede ser una entidad
compuesta. Es decir, no es pertinente considerar que el alma es diferente de su ser.
En ella materia y forma deben coincidir. Es bajo ese supuesto que debe entenderse su
adhesión inmediata a la concepción de un alma simple, impasible, inmortal e
incorruptible.9 Ya Aristóteles había concluido que el alma no era un compuesto pues
“alma” y “lo que es ser alma” son lo mismo.10 De aceptarse esto, ella es su propia
forma y no puede ser informada desde fuera, sea cual sea su actividad natural, la
actividad que sea propia del alma y sobre la cual de momento no se habla. Al aceptar
que no puede ser afectada desde fuera, entonces se asume que es impasible y por lo
tanto sería también inmortal e incorruptible pues esas son características de lo
impasible. El alma, considerada en sí misma, puede tener una actividad que le sea
propia y que cause efectos en otras entidades separadas de ella, pero no puede recibir
afección alguna de esas entidades separadas a menos que se trate de alguna entidad
anterior a ella en grado de superioridad.
El alma, en tanto impasible, permanece siempre igual a sí misma.11 No puede
residir en ella temor alguno pues nada puede afectarla. Al ser impasible no puede
albergar ningún deseo que supongan un abandono o satisfacción del cuerpo, es decir,
que supongan una abandono o satisfacción de algo diferente de ella. No puede
porque, de hacerlo, tendría el deseo de mezclarse; pero es propio de una esencia
simple el permanecer ajena a toda mezcla y, por lo tanto, indefinidamente igual a sí
misma. Le es imposible no ser lo que es; mucho menos, desearlo. Por ello, tampoco
puede haber en el alma turbación ya que no puede sentir temor alguno y mucho
menos el de perderse a sí misma convirtiéndose en otra cosa.
El alma, al ser su propia forma, es un ser simple, poseedora de una unidad
inquebrantable y siempre igual así misma. Esa monotonía ontológica la hace
imperecedera. Nada se le añade para el placer ni se le quita para el dolor. Nada hay
6
Πρ τον δ ψυχ ν ληπτ ον λλο µ ν ψυχ , λλο δ ψυχ ε ναι. (I, I, 2, 1-2)