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Filología y Lingüística XXXII (1): 105-118, 2006
ISSN: 0377-628X
BORGES EN EL EJERCICIO DE LA CRÍTICA LITERARIA:
A PROPÓSITO DE INQUISICIONES Y OTRAS INQUISICIONES
(TERCERA PARTE)
Alí Víquez Jiménez
RESUMEN
Este es el último de los tres artículos que hemos dedicado a contrastar las diferencias que en el
ejercicio de la crítica literaria se dieron fundamentalmente en dos libros de Jorge Luis Borges,
Inquisiciones, de 1925, y Otras Inquisiciones, de 1965. El ejercicio consiste en deducir presupuestos
críticos y teóricos no declarados en ninguno de los textos. Este artículo final examina la particular
relación de Borges con los criollismos argentinos, sus criterios de valoración al respecto y las
nociones de lenguaje y realidad que pueden deducirse de las Inquisiciones. Además, termina por
elaborar una propuesta que explique la necesidad de censura de este texto que promovió el Borges
maduro de las Otras Inquisiciones.
Palabras clave: Jorge Luis Borges, Inquisiciones, Otras inquisiciones, crítica literaria.
ABSTRACT
This article is the third of a three-part publication which contrasts the differences in praxis of
literary criticism reviewed essentially in two books by Jorge Luis Borges: Inquisiciones (1925) and
Otras Inquisiones (1965). This article seeks to infer the theoretical foundations acknowledged in
the previous analyses. It examines the specific relationship between Borges and the Argentinean
“criollismo”, its validation criteria, the notions of language and reality which can be deduced from
the book Inquisiciones. Finally, the article proposes a censorship of the text which a more mature
Borges promoted in Otras Inquisiciones.
Key words: Jorge Luis Borges, Inquisiciones, Otras inquisiciones, literary criticism.
M.L. Alí Víquez Jiménez. Profesor de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura, Universidad de Costa Rica. San Pedro,
San José, Costa Rica.
Recepción: 2-2-2005
Aceptación: 9-3-2005
106
1.
Filología y Lingüística XXXII (1): 105-118, 2006 / ISSN: 0377-628X
El contexto de los criollismos argentinos
En este artículo, tercero y final1 de la comparación entre el Borges crítico literario de
Inquisiciones y el de Otras Inquisiciones, nos dedicaremos sobre todo al examen del primero
de estos textos, que hemos situado al inicio del periodo de interés por el criollismo de Jorge Luis
Borges. Además, intentaremos una descripción de conjunto de la trayectoria borgesiana que va
del texto prohibido de 1925 (Inquisiciones) al texto consagrado de 1965 (Otras Inquisiciones).
(Hacemos referencia aquí al propio gesto borgesiano, que impidió la reedición de Inquisiciones,
El tamaño de mi esperanza y El idioma de los argentinos).
Sin embargo, el criollismo en el que pueden situarse las Inquisiciones ha de
matizarse, fundamentalmente, porque no todos los participantes de este movimiento lo
vieron y lo caracterizaron del mismo modo, y en rigor debe hablarse de criollismos, ya que
hubo varias tendencias. Un examen más detallado puede encontrarse en Olea (1993), a quien
seguiremos inicialmente.
En primer lugar, el contexto histórico debe tenerse en cuenta. Los criollismos
argentinos surgen ligados a una necesidad de definir la identidad nacional, necesidad que solo
puede explicarse por factores histórico–sociales concretos. Hacia 1910, año del Centenario del
inicio del movimiento independentista, diversos grupos discuten cómo repensar a la nación, que
pasa entonces por un periodo de serias dudas sobre el éxito del proyecto liberal decimonónico:
en la Argentina, como en muchos otros países de la América Latina, este había producido un
“progreso” muy cuestionable. Los niveles de vida generales parecían haber empeorado, en una
sociedad cuya distribución de la riqueza era muy injusta, lo que provocaba gran efervescencia
social. De aquí que surgiera la necesidad de cuestionar ese “progreso”, lo que se hizo muchas
veces desde la trinchera del interés por la identidad: lo “auténticamente argentino” (que desde
entonces se autodenominó “criollo”) parecía oponerse a las tendencias progresistas que habían
venido del exterior. Según lo explica Olea (1993: 26):
En especial, la teoría positivista, que tanto auge había tenido en América Latina, dejó de tener vigencia;
es decir, se quebrantó la fe en el progreso lineal fundado en leyes sociales universales cuya aplicación en
cualquier sociedad produciría la “civilización”, entendida esta como el aumento del bienestar humano por
medio de los avances de la ciencia: industrias, vías férreas, tecnología, etcétera.
Así, las posiciones que los diversos intelectuales asumieron en torno a la definición
de la nacionalidad dieron lugar a determinadas formas de hacer literatura, y cuando se había
partido además de la necesidad de volver los ojos hacia la identidad argentina antes que hacia
las nocivas influencias “progresistas” del exterior, estamos en presencia de los criollismos.
Olea explica bien cuántas diferencias pudieron darse entre los criollos a la hora de definirse a
sí mismos, pues hubo algunos –como Manuel Gálvez—que destacaron la raíz hispánica (por
oposición a la influencia de inmigrantes que no compartían un pasado hispano–argentino);
otros, como Ricardo Rojas, pusieron énfasis en el “telurismo”; y otros, como Leopoldo Lugones,
se dedicaron a crear una suerte de mito gauchesco. Pero lo que parecen tener todos en común es
su deseo de definir la argentinidad como una esencia formada previamente a la llegada masiva
de los inmigrantes no hispanos; su intención por promover la vuelta al campo, pues este se
visualiza como un espacio de conservación de las “auténticas” características argentinas; y su
exigencia al intelectual para que tomara parte en este debate sobre la identidad nacional.
El discurso criollista es, entonces “...un discurso de identificación y de diferenciación”
(Olea 1993: 79). Se busca una identificación con lo nacional, a la vez que las diferencias específicas
víquez: Borges en el ejercicio de la crítica literaria. a propósito de Inquisiciones...
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en relación con lo que no es propiamente argentino. Como suele ocurrir en estos proyectos
definitorios de la identidad, la simplificación y el maniqueísmo estuvieron a la orden del día,
pues la gran complejidad histórica de la nación argentina se visualizaba de manera bastante
grosera en la mayoría de los casos.
En las páginas que siguen, intentaremos discernir, en las Inquisiciones, qué es lo que
el joven crítico Borges valora en la literatura que comenta, y en particular, en la que se puede
considerar literatura del criollismo. El ejercicio es de metacrítica y se completará con el examen
de El tamaño de mi esperanza, continuación de las Inquisiciones, en la cual Borges concreta
aspectos definitorios del criollismo que por entonces defiende.
2.
Los criollos en la crítica borgesiana
Hemos dicho que el texto de Inquisiciones se encuentra al inicio del periodo de interés
por el criollismo de Borges. Pero los ensayos que lo componen se escribieron y publicaron por
primera vez de manera separada; cuando se unieron para componer un libro, no lo hicieron
porque fuesen el resultado de un proyecto unificado de promoción del criollismo. Lo cierto es
que apenas se insinúa un camino; el libro siguiente, El tamaño de mi esperanza, sí responderá,
desde el primer escrito, y como conjunto organizado, a ese interés.
Algunos ensayos de Inquisiciones parecen especialmente significativos para la
inscripción de Borges en el movimiento. Como se sabe, Borges ha regresado por estos años
a la Argentina, luego de una larga estadía en Europa. Ha conocido a autores españoles como
Cansinos Asséns y Gómez de la Serna, a los cuales dedica “Traducción de un incidente”. Pero
la admiración personal que siente por ellos –en especial por el primero, que fue su maestro